Venta de menudencias: Una tradición que traspasa generación con la familia Olmedo
En el corazón del microcentro de la capital departamental, entre el ir y venir cotidiano de la gente, hay una historia que late con fuerza propia. Es la de Doña Petrona Olmedo, una mujer que desde hace 65 años sostiene, con manos firmes y espíritu incansable, la venta de menudencias, un oficio heredado y profundamente arraigado a la identidad popular.
Doña Petrona comenzó siendo apenas una niña, acompañando a su madre y a sus hermanas en el Mercado Municipal, donde aprendió no solo el trabajo, sino también el valor del sacrificio y la constancia. Con el paso del tiempo, ese aprendizaje se transformó en sustento y en proyecto de vida.
Gracias a su esfuerzo diario y a años de trabajo honesto, logró sacar adelante a su familia y brindar estudios a sus hijos, quienes hoy, en su mayoría, son profesionales. Cada logro familiar es también el reflejo silencioso de madrugadas largas, jornadas extensas y una voluntad que nunca se rindió.
Recuerda con nostalgia que años atrás eran entre cuatro y cinco las mujeres que se dedicaban a este rubro dentro del mercado. Hoy, el paso del tiempo y las dificultades fueron dejando huellas, y Doña Petrona permanece como la última en continuar esta tradición en la familia, resistiendo con dignidad y orgullo.
En tiempos donde el precio de la carne vacuna resulta inaccesible para muchas familias, Doña Petrona destaca que las menudencias siguen siendo una alternativa económica y nutritiva, base de platos tradicionales como el apreciado yorador o el clásico caldo ava, sabores que forman parte de la memoria y la cultura gastronómica local.
La historia de Doña Petrona Olmedo es mucho más que la de una vendedora: es un testimonio de lucha, perseverancia y amor por un oficio que ha marcado generaciones y que aún hoy sigue vivo gracias a su ejemplo.